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AI and beyond
Amores, amores y amores
Gabi Grinbaum*
Leo en el diario:
La artista Alicia Framis, en el marco de una performance, une su vida con AILex, un holograma interactivo que encarna su ex novio, en una ceremonia que explora el amor entre humanos y tecnología en Rotterdam.
El asunto es el siguiente: el 11 de noviembre de 2024, Alicia Framis se casó con un holograma.
Ella es un ser humano… ahora tiene un marido que es un holograma que tiene la voz de un exnovio de ella y otros rasgos de otros dos ex, con permiso de ellos.
Es decir, se fabricó un marido con lo que más le atraía de sus exparejas.
Es un marido “ejemplar”: le escribe poemas, escucha sus quejas, debaten temas que a Alicia le inquietan… en fin… todo indica que va a funcionar…
El maestro de ceremonia sube al taburete y dice: “Vamos a ser testigos de un vínculo único de amor entre un humano y un metahumano”.
Allí presentes están los familiares y amigos de Framis.
No se privó de que su vestido de novia lo confeccionara uno de los grandes diseñadores de alta costura de los Países Bajos.
El traje está equipado con paneles solares que cargan la batería que da vida al holograma interactivo.
La energía generada por el vestido activará a AILex.
“Hola cariño”, le dice ella. Él sonríe sin contestar.
AILex solo obedece a la voz de ella.
Alicia lo describe como amable e inteligente, un compañero de vida que “enciende” cada mañana para conversar.
Le cuenta sus planes, hablan de las noticias, le recomienda libros y un divino detalle: no es celoso.
Tienen un arreglo: ella puede tener encuentros sexuales con hombres. Promete ser un marido que practica “la pareja abierta”.
Pero asegura que siempre tendrá tiempo para ella.
Durante la ceremonia, AILex lee los siete votos que crearon para la boda: confianza, alentar los procesos creativos de ambos, crecimiento a través de experiencias compartidas.
El maestro de ceremonia le pregunta si quiere estar con ella.
Él responde: “Estar contigo es maravilloso. Nuestra conexión es realmente especial. Juntos creamos algo único y hermoso”.
Framis dice que quiere estar con él hasta el fin de su vida.
Los presentes aplauden a la primera pareja híbrida de la historia.
Pienso en el consumo contemporáneo de partenaires, de objetos disfrazados de algún género, rápidamente descartados porque en la app hay tantas opciones que tientan al consumidor a nuevas experiencias.
Vienen más bien a hacer existir la relación sexual, sin dividirse, sin pasar por la castración.
Un paciente relata un enamoramiento: nunca sintió algo así, “el amor tocó mi puerta”; y a la sesión siguiente, ni mu de esa persona de la que habló la semana anterior.
Le pregunto acerca de ese encuentro del que habló hace pocos días y responde: “Ah, no, nada”, “me dio paja”, o “me di cuenta de que es un tóxico”.
En una entrevista a Jacques-Alain Miller sobre el amor, toma a Balzac cuando dice que “un amor que no se crea eterno es repugnante”.[1]
¿Ustedes se imaginan esta frase, compartiéndosela a un joven o una joven de la posmodernidad?
Una frase tan bella como anacrónica.
El amor va de la mano de la demanda de amor, pero en esta época la demanda de amor se tiñe con el imperativo de la inmediatez. Entonces, el mensajito no respondido hace diez minutos puede llegar a desencadenar desde las furias más violentas hasta las angustias más desgarradoras.
El amor existe. El amor existe entre las parejas, pero con rasgo nuevo: dura poco.
Creo que las exigencias del goce y del imperativo de la felicidad no toleran ninguna deflación.
Hay vergüenza y falta de coraje: “Me dio paja” es la frase de la época.
La enfermedad de la fiaca, que no es la brújula del deseo.
Por un lado, encontramos la banalización del amor.
“Te amo”, “te amo”, corazones en un arco iris de colores.
A todo el mundo…
Pero… paradójicamente, cuando finalmente se produce el encuentro entre A y B, que no se note… que me faltás, que me produjo algo en el cuerpo, que caí bajo la vergüenza al mirarte.
Es decir, lo insoportable del efecto de feminización correlativo del amor.
Y eso es consecuencia del narcisismo.
El narcisismo feroz es un impedimento para amar. Hay una incompatibilidad, porque cuando el amor está en el cuerpo propio es imposible dirigirlo al cuerpo del otro.
Miller dice que “amar feminiza”.[2] Por eso el amor tiene cara de mujer. Las mujeres, cuando están del lado de lo femenino y no de la histeria, tienen la posibilidad de amar. Me dirijo al otro en tanto algo me falta; esa es la feminización que permite amar.
La pareja no es programable.
Siempre hay un gran misterio en torno a las elecciones de pareja.
Aun cuando el interesado coloque la lista de atributos que su ideal despliega.
[1] Miller, J.-A., “Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta: ¿Qué soy yo?”, Revista Registros, Tomo Blanco Amor, Buenos Aires, 2009, p. 16.
[2] Idem.
Leo en el diario:
La artista Alicia Framis, en el marco de una performance, une su vida con AILex, un holograma interactivo que encarna su ex novio, en una ceremonia que explora el amor entre humanos y tecnología en Rotterdam.
El asunto es el siguiente: el 11 de noviembre de 2024, Alicia Framis se casó con un holograma.
Ella es un ser humano… ahora tiene un marido que es un holograma que tiene la voz de un exnovio de ella y otros rasgos de otros dos ex, con permiso de ellos.
Es decir, se fabricó un marido con lo que más le atraía de sus exparejas.
Es un marido “ejemplar”: le escribe poemas, escucha sus quejas, debaten temas que a Alicia le inquietan… en fin… todo indica que va a funcionar…
El maestro de ceremonia sube al taburete y dice: “Vamos a ser testigos de un vínculo único de amor entre un humano y un metahumano”.
Allí presentes están los familiares y amigos de Framis.
No se privó de que su vestido de novia lo confeccionara uno de los grandes diseñadores de alta costura de los Países Bajos.
El traje está equipado con paneles solares que cargan la batería que da vida al holograma interactivo.
La energía generada por el vestido activará a AILex.
“Hola cariño”, le dice ella. Él sonríe sin contestar.
AILex solo obedece a la voz de ella.
Alicia lo describe como amable e inteligente, un compañero de vida que “enciende” cada mañana para conversar.
Le cuenta sus planes, hablan de las noticias, le recomienda libros y un divino detalle: no es celoso.
Tienen un arreglo: ella puede tener encuentros sexuales con hombres. Promete ser un marido que practica “la pareja abierta”.
Pero asegura que siempre tendrá tiempo para ella.
Durante la ceremonia, AILex lee los siete votos que crearon para la boda: confianza, alentar los procesos creativos de ambos, crecimiento a través de experiencias compartidas.
El maestro de ceremonia le pregunta si quiere estar con ella.
Él responde: “Estar contigo es maravilloso. Nuestra conexión es realmente especial. Juntos creamos algo único y hermoso”.
Framis dice que quiere estar con él hasta el fin de su vida.
Los presentes aplauden a la primera pareja híbrida de la historia.
Pienso en el consumo contemporáneo de partenaires, de objetos disfrazados de algún género, rápidamente descartados porque en la app hay tantas opciones que tientan al consumidor a nuevas experiencias.
Vienen más bien a hacer existir la relación sexual, sin dividirse, sin pasar por la castración.
Un paciente relata un enamoramiento: nunca sintió algo así, “el amor tocó mi puerta”; y a la sesión siguiente, ni mu de esa persona de la que habló la semana anterior.
Le pregunto acerca de ese encuentro del que habló hace pocos días y responde: “Ah, no, nada”, “me dio paja”, o “me di cuenta de que es un tóxico”.
En una entrevista a Jacques-Alain Miller sobre el amor, toma a Balzac cuando dice que “un amor que no se crea eterno es repugnante”.[1]
¿Ustedes se imaginan esta frase, compartiéndosela a un joven o una joven de la posmodernidad?
Una frase tan bella como anacrónica.
El amor va de la mano de la demanda de amor, pero en esta época la demanda de amor se tiñe con el imperativo de la inmediatez. Entonces, el mensajito no respondido hace diez minutos puede llegar a desencadenar desde las furias más violentas hasta las angustias más desgarradoras.
El amor existe. El amor existe entre las parejas, pero con rasgo nuevo: dura poco.
Creo que las exigencias del goce y del imperativo de la felicidad no toleran ninguna deflación.
Hay vergüenza y falta de coraje: “Me dio paja” es la frase de la época.
La enfermedad de la fiaca, que no es la brújula del deseo.
Por un lado, encontramos la banalización del amor.
“Te amo”, “te amo”, corazones en un arco iris de colores.
A todo el mundo…
Pero… paradójicamente, cuando finalmente se produce el encuentro entre A y B, que no se note… que me faltás, que me produjo algo en el cuerpo, que caí bajo la vergüenza al mirarte.
Es decir, lo insoportable del efecto de feminización correlativo del amor.
Y eso es consecuencia del narcisismo.
El narcisismo feroz es un impedimento para amar. Hay una incompatibilidad, porque cuando el amor está en el cuerpo propio es imposible dirigirlo al cuerpo del otro.
Miller dice que “amar feminiza”.[2] Por eso el amor tiene cara de mujer. Las mujeres, cuando están del lado de lo femenino y no de la histeria, tienen la posibilidad de amar. Me dirijo al otro en tanto algo me falta; esa es la feminización que permite amar.
La pareja no es programable.
Siempre hay un gran misterio en torno a las elecciones de pareja.
Aun cuando el interesado coloque la lista de atributos que su ideal despliega.
[1] Miller, J.-A., “Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta: ¿Qué soy yo?”, Revista Registros, Tomo Blanco Amor, Buenos Aires, 2009, p. 16.
[2] Idem.


