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Un atleta no es un robot
Gastón Cottino*
Hace unos días un robot batió el récord mundial de 100 mts llanos de Usain Bolt. Al menos así lo decían las noticias. Sin embargo, los movimientos de ese robot poco tienen que ver con los de un atleta, aunque la biomecánica se le quiera parecer. En esa comparación hay una falla, algo sintomático, que me resulta importante para no extraviarse entre tanta ciencia cuando se trata del cuerpo de un deportista.
El mundial de humanoides que se realizó en China este año es un eslabón mas en este tipo de competencias, celebradas desde 1997 en Japón. Desde esa época, a los mundiales de futbol se le fueron agregando otras disciplinas inspiradas por la Deep Blue que venciera al campeón del mundo en ajedrez, Gary Kasparov, en 1997.
Allí, los desarrolladores de tecnología se divierten mientras ponen a punto robots que luego serán objetos de mercado.
Que un robot bata un récord de un corredor, dicho así, quiere decir que solo importan la velocidad y el tiempo. Estos parámetros físicos son del estilo de los indicadores (fisiológicos, psicológicos, aeróbicos, etc.) a los cuales se someten los deportistas de alto rendimiento. Es eso lo que hace que se crea posible una comparación tal, entre deportistas y robots. Pero considero que esto es, como decimos en psicoanálisis: sintomático.
Los síntomas están hechos de palabras a través de las cuales un cuerpo habla. El cuerpo de un deportista, sea profesional o no, habla y no porque se lo cuantifique a partir de los muchos datos que, con las mejores intenciones, hoy existen en cada disciplina deportiva.
Por ello es capaz de expresar tanta belleza: la carrera de Jesse Owens bajo la mirada de Hitler; un slalom de Messi; un revés cualquiera de Federer; una secuencia de triples de Stephen Curry y tanto mas. Y por ello también es que hay tropiezos, de cuya interpretación se encarga el psicoanálisis desde hace mas de un siglo incluyendo: inhibiciones, síntomas y angustias; fracasos ante la posibilidad de triunfar; el no querer lo que se desea y lo que sea que surja del deportista al escuchar su cuerpo, su cuerpo que es un cuerpo hablante.
Pero que quede claro que por mucho que los androides nos quieran ganar, por mucho que la ciencia nos quiera medir, nunca los pasitos mecánicos del robot velocista serán las zancadas de Usain Bolt. Esas alegres y gráciles zancadas que recorrían la tórrida Jamaica todas las mañanas hasta que en dos noches de Berlin, del 2009, batieran la marca de 100 y de 200 mts, vigentes hasta hoy. El cuerpo del deportista nos hablará siempre de una dimensión deseante y eso es insoslayable.
Miller hablaba de ese deseo en el mismísimo Jacques Lacan. Alguien que había obtenido para sí un deseo decidido, sin ambages, que podía ir más allá de las normas. Aunque ubicando allí también lo que le era imposible de soportar y algo del tacto para “saber hasta donde se puede ir demasiado lejos”. Lo contrario al impossible is nothing.
* Psychoanalyst member of the WAP and the EOL. Practices psychoanalysis in Mendoza
Hace unos días un robot batió el récord mundial de 100 mts llanos de Usain Bolt. Al menos así lo decían las noticias. Sin embargo, los movimientos de ese robot poco tienen que ver con los de un atleta, aunque la biomecánica se le quiera parecer. En esa comparación hay una falla, algo sintomático, que me resulta importante para no extraviarse entre tanta ciencia cuando se trata del cuerpo de un deportista.
El mundial de humanoides que se realizó en China este año es un eslabón mas en este tipo de competencias, celebradas desde 1997 en Japón. Desde esa época, a los mundiales de futbol se le fueron agregando otras disciplinas inspiradas por la Deep Blue que venciera al campeón del mundo en ajedrez, Gary Kasparov, en 1997.
Allí, los desarrolladores de tecnología se divierten mientras ponen a punto robots que luego serán objetos de mercado.
Que un robot bata un récord de un corredor, dicho así, quiere decir que solo importan la velocidad y el tiempo. Estos parámetros físicos son del estilo de los indicadores (fisiológicos, psicológicos, aeróbicos, etc.) a los cuales se someten los deportistas de alto rendimiento. Es eso lo que hace que se crea posible una comparación tal, entre deportistas y robots. Pero considero que esto es, como decimos en psicoanálisis: sintomático.
Los síntomas están hechos de palabras a través de las cuales un cuerpo habla. El cuerpo de un deportista, sea profesional o no, habla y no porque se lo cuantifique a partir de los muchos datos que, con las mejores intenciones, hoy existen en cada disciplina deportiva.
Por ello es capaz de expresar tanta belleza: la carrera de Jesse Owens bajo la mirada de Hitler; un slalom de Messi; un revés cualquiera de Federer; una secuencia de triples de Stephen Curry y tanto mas. Y por ello también es que hay tropiezos, de cuya interpretación se encarga el psicoanálisis desde hace mas de un siglo incluyendo: inhibiciones, síntomas y angustias; fracasos ante la posibilidad de triunfar; el no querer lo que se desea y lo que sea que surja del deportista al escuchar su cuerpo, su cuerpo que es un cuerpo hablante.
Pero que quede claro que por mucho que los androides nos quieran ganar, por mucho que la ciencia nos quiera medir, nunca los pasitos mecánicos del robot velocista serán las zancadas de Usain Bolt. Esas alegres y gráciles zancadas que recorrían la tórrida Jamaica todas las mañanas hasta que en dos noches de Berlin, del 2009, batieran la marca de 100 y de 200 mts, vigentes hasta hoy. El cuerpo del deportista nos hablará siempre de una dimensión deseante y eso es insoslayable.
Miller hablaba de ese deseo en el mismísimo Jacques Lacan. Alguien que había obtenido para sí un deseo decidido, sin ambages, que podía ir más allá de las normas. Aunque ubicando allí también lo que le era imposible de soportar y algo del tacto para “saber hasta donde se puede ir demasiado lejos”. Lo contrario al impossible is nothing.
* Psychoanalyst member of the WAP and the EOL. Practices psychoanalysis in Mendoza




